Un parto CASI perfecto

13.10.19

Me hace mucha ilusión escribir este post, que no está directamente relacionado con la educación, pero si de alguna manera ya que desde el cole tenía una visión muy distinta de lo que era todo este proceso.

Desde siempre mis amigos y mi pareja hacen broma de que si soy “rastreator” o de que si me sobreinformo. Tienen razón, pero de momento esta actitud me ha dado más alegrías que penas. En este post os voy a contar la experiencia de mi parto y lo más importante, cómo lo preparé y dónde me informé.

Para empezar, yo tuve un parto normal, lo que se conoce como parto natural. Es lo que quería y buscaba ya que cuanto más me informaba, más claro lo tenía. En esto de la información y de ir empoderándome me ayudó mucho mi amiga Amanda, que tiene el blog de iammamas donde cuenta sus aventuras siendo dos mamás (¡que no son pocas!)

LA PREPARACIÓN AL PARTO

Los inicios del embarazo fueron revueltos, venía de un aborto espontáneo previo 5 meses antes y estaba con los nervios a flor de piel así que decidí empezar a prepararme cuanto antes.

Lo primero fue apuntarme a clases de AIPAP, preparación al parto en el Agua en Penguins, me enteré de que esto existía gracias a que mi pareja trabaja ahí y veía a todas las embarazadas encantadas. Lo bueno es que puedes hacer muchos ejercicios, muchos de los cuáles solo son posibles estando en el medio acuático. Las clases las imparten comadronas, en mi caso Roberto y Bea que son la caña ya que durante las clases te van resolviendo dudas y dando consejos para el momento del parto. Muy importante el masaje perineal para evitar desgarros.

Después mucha lectura

Para acabar de empoderarme en Facebook e Instagram seguí a la comadrona Laia Casadevalls (@laiacasadevall_matrona) que publica muchas cosas con evidencia científica que te hace ver lo poderosas que somos, la asociación Dona Llum que hace lo mismo, la cuenta de Instagram Birth without fear donde puedes ver imágenes preciosas de partos reales y por último la cuenta de Armando Bastida que va poniendo cosas interesantes, no siempre de embarazo y parto pero si todo sobre maternidad.

Hice un curso de preparación al parto de la seguridad social y tuve mucha suerte con la comadrona ya que era pro parto normal y me informó de la existencia del hospital donde finalmente parí y de la existencia de las casas de parto públicas que se están  empezando a abrir gracias al plan de humanización del parto de la Generalitat. Con mi pareja hice un curso intensivo por la mútua que quizás por todo lo que había visto previamente no me aportó demasiado.

Por último, y esto fue quizás lo que acabo de darme el empujón para reafirmar que yo quería un parto normal fue ¡Netflix! Sí amigas, hay un documental que es oro puro y que quieras el parto que quieras, lo recomiendo para tomar decisiones pero estando informada. Son 3 episodios, se llama «el renacimiento del parto«, lo vi 2 veces; una sola y otra con mi pareja, y os digo que gracias a ese documental, mi pareja evitó un episodio de violencia obstétrica. Una de las cosas más importantes no es lo que tu te informes, sinó lo informada que está la persona que te va a acompañar en ese momento en el que tú estás en otro mundo.

Aparte de todo esto, como que la lactancia fuera bien era algo importante para mí, a parte del libro de Carlos González, me pasé un día por el grupo de lactancia de mi zona, el cual recomiendo ya que ha ayudado a dos amigas mías a las que los grupos de sus zonas no habían acabo de darles solución a sus problemas.

LA PREVIA

Lía estaba muy a gusto dentro, tan  agusto que parí en la semana 41+3, para que os hagáis una idea lo máximo que me dejaba esperar mi hospital era la semana 41+6 antes de inducirme (tu puedes elegir esperar más pero antes debes firmar un papel conforme el hospital no se hace responsable).

Hasta la semana 35 aproximadamente mi ginecóloga llevaba el embarazo pero yo tenía claro que quería parir en la pública así que los últimos controles me los hice en el hospital de Sant Joan de Dèu de Sant boi (SJD) y en paralelo en la casa de partos de Martorell. Os dejo un artículo sobre lo que es sino este post no acabará nunca. Fue en este último donde a partir de la semana 41 activan un plan de inducción natural del parto, donde cada 48 vas a que te hagan alguna cosa para intentar provocar el parto de manera natural. Lo primero que me recomendaron fue la acupuntura (hice 3 sesiones), luego me hicieron masaje con salvia, reflexología, rebozo y la maniobra de Hamilton. En SJD Isabel, la comadrona, me dijo que me dedicara a hacer cosas que me gustaran, de broma le dije ¡SUSHI! Y me dijo: Pues vete a cenar sushi. ¡Dicho y hecho!

El jueves 8 por la mañana al ir al SJD a ver como iba todo la comadrona me dijo que tenía cara de parir, yo me reía, en las correas se vio que estaba teniendo contracciones aunque yo no las notaba y al despedirse nos dijo: ¡Hasta luego! No pudo estar más acertada. Ella iba a empezar su turno a las 8 a.m del viernes.

EL DÍA DEL PARTO

Ese mismo jueves, sobre las 12h ya empecé a notarlas, y a las 14h le dije a mi pareja que nos íbamos para casa porque se estaba poniendo seria la cosa. De 15 a 22 estuve dilatando en casa. Las contracciones siempre me dieron atrás. Iba entre la fitball, bailando, apoyándome en la pared mientras mi pareja me hacía presión en la zona lumbar a la altura de las crestas ilíacas (truco gracias a Penguins), la bañera, la ducha… Empecé a tomar la homeopatía que me dieron en la mútua (si estáis interesadas en saber cual preguntadme en privado para no extenderme) Y así 7h hasta que las contracciones eran de la misma intensidad, duración y se repetían cada 5 min. Es importante intentar llegar en trabajo de parto al hospital, en la info que os dejo os explica el por qué.

Llegamos al hospital sobre las 22.30h, buenas noticias estaba de 4cm, directa al paritorio. Las comadronas fliparon al ver el despliegue; Altavoz con el Spotify (clave para amenizar el momento, si no es a ti, a tu acompañante), homeopatía, botella de Aquarius, ¡TODO LISTO! Le pedí que por favor retrasara todo lo que pudiera el ponerme la vía y al saber que quería un parto natural me dio unas horas de margen.

Lía nació a el viernes 9 de agosto a las 8.56a.m, sí, después de 18 horas de parto, muchas de las cuales las pasé en la ducha del paritorio con el chorro caliente en las lumbares y la frente en la mampara. La ducha, los masajes, y el acompañamiento emocional de las comadronas y mi pareja, fueron la clave para que pudiera tener un parto normal, sin alguno de estos, es probable que no hubiera aguantado.

Las comadronas nos dieron mucho espacio, nos dijeron que las llamáramos si las necesitábamos así que mucho rato estuvimos solos, “tranquilos”, en las 11 horas que estuve en el paritorio, me hicieron un total de 3 tactos contando el de cuando llegué para ver como estaba, los otros dos, preguntando si quería hacerlos y en todo momento informándome de todo lo que me hacían. Cuando querían ver el estado del bebé lo hacían con correas inalámbricas para que yo pudiera seguir moviéndome.

A la 1 de la mañana rompí la bolsa y sobre las 7 empecé el expulsivo. Casi al final pedí el entonox (gas de la risa) pero no me dejaban usarlo en la ducha y después de probarlo un par de veces decidí que lo mío era el agua. Uno de los motivos para elegir ese hospital, además de por la ducha y el gas, fue porque tenía todo tipo de artilugios para parir incluida una camilla transformer.

A las 8 era el cambio de turno, llegó Isabe,l y Marta, la que estaba hasta entonces, quiso quedarse un rato a ver si Lía se dejaba ver. Todo iba bien, yo bien, la niña bien, isma flipando pero bien… hasta que una de las comadronas sale un momento y vuelve diciendo que van a entrar dos ginecólogas pero que no hiciéramos ni caso.

Su irrupción en la sala ya dejaba claro en qué plan venían. Las dos entraron con una actitud soberbia de “vamos a arreglar esto”, una muy seria que ni siquiera saludó y otra que saludó y después de preguntar a las comadronas el tiempo que llevaba de expulsivo, se sentó en un sillón y con un tonito con el que intentaba hacerse la graciosa soltó un “voy a ver si Lía la Lia”. Como imagináis, no nos hizo ni puñetera gracia.

Los siguientes minutos fue un tira y afloja entre ella y nosotros, discutiendo sobre cuánto había que esperar o no antes de intervenir según el dichoso protocolo (resultó que las que tenían razón eran las comadronas). Marta viendo el panorama, decidió quedarse pese a las 24h de guardia que llevaba a las espaldas para apoyar a su compañera y salvar mi periné. A todo esto remarcar que yo estaba bien, aunque mi pareja dice que parecía San Goku en modo “súper guerrero”, y Lía estaba perfectamente también, ¿Por qué intervenir?

Al rato la ginecóloga me hizo subir a la camilla (yo estaba pariendo con uno de los artilugios en cuclillas como me pedía el cuerpo) para hacer un tacto con el cuál vi las estrellas, mi brusco, muy violento, un tacto SIN tacto. Me preguntó si me estaba viniendo una contracción a lo que le respondí que no, que es que me hacía daño.

Lía empezó a asomar y luego lo recuerdo todo muy rápido; la que me hizo el tacto diciendo “hay que hacer una episiotomía”, yo volviendo unos segundos al mundo para chillarle “¡episiotomía no!” Su respuesta; “¡vale ya Carlota!”, las comadronas lo evitaron. Y cuando Lía se dejaba ver y quedaba muy poco fue cuando se dio la situación más tensa. Lo describo.

Yo en la camilla con las dos comadronas delante, mi pareja detrás, la ginecóloga sin tacto a mi derecha tapándome la boca para que respirara como ella quería y la que no saluda a la izquierda (era como la batalla final por ver si sacaba a Lía o me abrían) y en un pujo ésta me pone la mano en la barriga como para apretarla, rápidamente mi pareja le coje la mano y se la quita de encima mío y se da la siguiente conversación: “¡Soy ginecóloga!”, “pensé que le ibas a apretar la barriga”, “¡Pero soy ginecóloga!”, “¡Tú no le vas a apretar la barriga!”. Le miró indignada se dio la vuelta y salió del paritorio (una menos). Y así fue como evitó que me hicieran la maniobra de Kristeller, esto no se hubiera evitado si no estuviéramos informados.

Al fin Lía salió, podía ser un bebé grande ya que en la última eco estimaron 4kg, pero a la vista estaba que eso no era así, al ponerla piel con piel la ginecóloga que quedaba decía que podía ser muy grande a lo que las comadronas contestaron destanpádola un poco para que viera que no era así a simple vista. Pues por sus narices que tuvo que saltarse el protocolo del hospital para pesarla en el paritorio. Después de 18h estábamos exhaustos y cedimos, fue unos segundos, rápidamente las comadronas volvieron a ponerla conmigo. 3,400kg. Aún no teniendo razón tuvo los ovarios de despedirse diciendo un: “bueno,¡de nada!”.

El resultado de tener un súper equipo y una pareja informada fue un parto normal, con un alumbramiento de la placenta sin oxitocina y con un punto de sutura por desgarro natural. La recuperación ha sido muy muy rápida y puedo estornudar sin que se me escape el pis jeje.

Durante mi estancia en el hospital, las dos comadronas subieron a la habitación para disculparse por la situación que tuvimos que vivir, y nos confirmaron (porque necesitaba preguntarlo) que lo que quería hacer la ginecóloga cuando entró era abrir y sacar a Lía con fórceps. 

Nosotros les dijimos que por su parte hicieron todo lo que estaba en sus manos y que les estaríamos extremadamente agradecidos y que nosotros haríamos todo lo que estaba en las nuestras para que esto no volviera a pasar. Pusimos una reclamación al hospital destacando la gran labor de las comadronas y como todo podría haberse ido al garete por las prisas de las otras dos.

Toda esta historia la cuento porque creo que es muy importante estar informadas, nosotras y nuestras parejas. Que debemos entender que tenemos el mismo derecho a que se nos pregunte y se nos informe que cualquier otro paciente y que si nosotras, por estar en una situación de vulnerabilidad, no podemos decidir, lo debe hacer nuestra pareja, no el médico. Y si alguna de todas estas obviedades no se cumple, hay que reclamar (o en el peor de los casos denunciar). No podemos conformarnos basándonos en el ya muy trillado “bueno, pero ha nacido con salud así que no te quejes”.

Aunque no lo parezca he abreviado mucho y he pasado de puntillas por el súper acompañamiento a la lactancia que hicieron los días que estuve allí, pero espero que este post y esta experiencia sirva para empoderar a futuras madres y facilitarles el camino para tener un parto lo más respetado posible.

ANÉCDOTA: Está foto al salir del hospital la sacamos antes de darnos cuenta de que teníamos una rueda pinchada. Así que de vuelta al hospital mientras venía la grúa. Por suerte el equipo de enfermeras me consiguió un menú mientras daba de comer a Lía. Ya veis, siempre en apuros :p

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