Si confías en mí, te sorprenderé

12.04.15

Me gustaría iniciar este post con un vídeo que nos recomendó la profesora María Carbó de la Universidad Blanquerna en una clase donde hablamos sobre la discapacidad intelectual y que define muy bien todo aquello que quiero expresar.

 

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Real y cierto. Cuadradito no puede entrar en la puerta porque es redonda, por ello se entristece e intenta entrar como sea. Sus amigos le animan y le dicen -“Sé redondo”- pero no lo consigue. Cuadradito no quiere que sus amigos le corten las esquinas porque sabe que le dolería mucho pero, finalmente sus compañeros dicen que no es cuadradito quien debe cambiar sino ¡La puerta! Juntos recortan 4 esquinitas en la puerta que le permiten entrar en la casa con los Redonditos.

Pues este cuento simboliza precisamente lo que sucede día tras día en nuestra sociedad: Queremos “crear” niños y niñas “iguales” y nos centramos en enseñar de una sola manera pero ¿Dónde queda el trato personalizado? ¿Quién dijo que todos los niños debían aprender de la misma manera? Hay infinitas maneras de enseñar ¡Y de aprender!

 

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Nos empeñamos en definir, en diagnosticar, en poner nombre a las cosas como si fuera la solución a todos los problemas pero si lo pensamos bien ¿En qué nos ayuda clasificar? ¿Es necesario etiquetar de por vida a alguien? Las etiquetas son fáciles de poner pero muy difíciles de quitar, por ello, dejemos de poner etiquetas y veamos la persona que hay detrás.

 

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Y es realmente difícil definir discapacidad intelectual, pues, no es algo tan evidente como lo podría ser, por ejemplo, una discapacidad motriz. La discapacidad intelectual no tiene características evidentes, de hecho, muchas personas hemos sido “especiales” en algún momento u otro de nuestra vida pero al ser dificultades normalizadas no hemos sido etiquetados por nadie. ¿Quién no ha sufrido ante la gran cantidad de números y ecuaciones que nos proporcionan las matemáticas? O ¿Quién no ha sido capaz de entender los famosos sintagmas y complementos en lenguaje? Y sin ir más lejos ¿cuántas veces nos hemos perdido poniendo en evidencia nuestra orientación espacial?

Las personas con discapacidad intelectual necesitarán más tiempo y más ayuda que los demás pero tienen las habilidades para hacerlo. Tan sólo debemos creer en ellos y facilitarles las cosas con soportes que poco a poco se podrán ir retirando. No hay nada más triste que percibir que no confían en nuestras posibilidades.

No olvidemos nunca que los padres, maestros, psicólogos… tenemos mucha influencia ante los niños y niñas y en nosotros recae lo que ellos/as pueden llegar a ser en un futuro. Detrás de una discapacidad intelectual hay una persona y es eso lo que debemos ver, no deben ser tratados de forma diferente ni ser vistos con pena ¡Tan sólo necesitan algunos soportes y ayudas más! Confiemos en ellos y ¡Nos sorprenderán!

 

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“Si tú crees que puedo, yo también lo creeré y lo conseguiré”

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5 opiniones en “Si confías en mí, te sorprenderé”

  1. ¡Muchas gracias, Senyo Punk! Ser conscientes es el primer paso para empezar a cambiar así que ¡A por todas! 🙂

  2. Ay, qué difícil es no poner etiquetas. Lo hacemos constantemente y sin darnos ni cuenta… así que lo primero es ser conscientes de que lo hacemos. Y me parece absolutamente necesario creer en las posibilidades de todos y cada uno de nuestros alumnos, por su autoestima, porque se lo merecen, y porque, como bien dices, sin querer les estamos condicionando, y somos maestros para ayudarles a crecer, no para todo lo contrario. Bonita entrada, chicas 🙂

  3. Es uno de mis cuentos preferidos!!!
    Estoy totalmente de acuerdo con este artículo y por el gran ejemplo de amor y cariño que das a tus alumnos cada día

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