¡Emociones en el aula!

22.11.15

Ya desde hace un tiempo muchos colegios están incluyendo en su día a día actividades que tengan que ver con la inteligencia emocional que anteriormente se tenía tan y tan olvidada. Al fin y al cabo, ¿Cómo podemos exigir a nuestros alumnos buenos resultados académicos si ni siquiera sabemos cómo se sienten? O sin ir más lejos, ¿No creéis que el objetivo principal de padres y profesores debería ser que su hijo/alumno sea feliz?

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No ha sido una tarea fácil pero, por un lado, cada vez nos encontramos con profesores más concienciados de la importancia de las emociones en las aulas y, por supuesto, tenemos a nuestros alcance más recursos, dinámicas y actividades para realizar una buena educación emocional con nuestros alumnos y alumnas.

En el post de hoy os quiero explicar una nueva dinámica de educación emocional que pude aplicar hace un par de semanas y que me ayudó mucho como maestra y como persona.

Pues bien, como ya he comentado en alguna otra ocasión, soy tutora de P4 y tengo la suerte de, además de ser tutora de mi grupo, impartir clases a otra clase de P-4 y poder compartir, por tanto, experiencias y vivencias con la tutora y los alumnos de esta clase. Me explico mejor. En nuestra escuela al ser una escuela trilingüe, contamos con lo que llamamos una tutoría compartida, es decir: cada tutora tiene su clase pero prácticamente tiene las mismas horas con ambos grupos (A y B) y los niños, conviven con las 3 lenguas  a lo largo de todo un día escolar: Inglés con mi paralela, catalán conmigo y castellano con otra profesora.

 

Juntas decidimos aprovechar una sesión a la semana para estar juntas en el aula y poder tratar “temas emocionales” sucedidos en el patio, en otras clases o simplemente dedicar y respetar este tiempo de reflexión y de expresión de sentimientos. No podemos negar que es muy divertido convivir en el mismo espacio con las dos lenguas simultáneamente y manteniendo una misma conversación.

A principio de curso les costaba un poquito dejarse llevar y estos espacios parecían ser un simple relato de todo aquello que había sucedió en el patio o en clase.

 

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Las dos coincidimos en que era provechoso tener este espacio de expresión pero quisimos darles la oportunidad de dar un paso más, por ello, utilizamos el teatro como herramienta principal para “romper el hielo”.

El hecho de que las mismas maestras representásemos situaciones del día a día (reales o ficticias) y éstas nos provocasen diferentes emociones (Tristeza, alegría, sorpresa, angustia, miedo…) fue clave para empezar a trabajar o mejor dicho, les dio la confianza para expresar sus propios sentimientos, más allá de simples descripciones cotidianas. Ellos no tardaron en lanzarse a representar escenas teatrales para expresar emociones de todo tipo. ¡Cómo nos reímos!

Tras varios momentos y espacios compartidos, nos dimos cuenta que cada vez iban adquiriendo más confianza en sí mismos y les costaba menos expresarse. No podemos negar que esos momentos eran muy gratificantes para todos y se respiraba un ambiente de paz, armonía y respeto pero… ¿Nunca os habéis preguntado si saben expresar sentimientos hacia los otros compañeros y compañeras de clase?

Pues esta pregunta es precisamente la que nos hicimos nosotras. Sabemos cómo nos sentimos, estamos aprendiendo a expresarlo y además tenemos consciencia, poco a poco, de que no todos tenemos los mismos sentimientos y emociones ante una misma situación. Nuestra pregunta fue: ¿Qué pienso y siento yo ante mi compañero de aula? El primer paso para expresarle algo a otro es mirarlo a los ojos y esto es lo que hicimos. Colocados en circulo, incluidas nosotras, las maestras, jugamos a “pasarnos la sonrisa”, es decir, teníamos que mirar a nuestro compañero de al lado y simplemente sonreírle para así irnos pasando unos a otros la sonrisa.

¿Os podéis creer lo que costó mirarnos a los ojos? ¡Qué tarea tan difícil y al mismo tiempo qué divertido! Semana tras semana lo fuimos complicando un poquito más: Ya no sólo sonreiríamos a nuestro compañero sino que además debíamos decirle algo que sentíamos referente a él o algo que queríamos expresar.

Algunos niños eran incapaces de decir algo por vergüenza, otros no tenían ningún reparo en expresarse y otros, en cambio, sonreían y convertían la emoción en una pregunta:

  • ¿Te gusta jugar a fútbol?
  • ¿Quieres venir a mi casa?

Ver su cara de emoción cuando recibían cumplidos de sus compañeros no tiene precio:

  • Me lo paso muy bien jugando contigo.
  • Vas siempre muy guapa.
  • Sabes hacer muy bien los puzzles…

Ésas fueron algunas de las muchas respuestas que recibieron algunos niños y niñas y la clase no tardó en convertirse en un ambiente de amor, cariño y respeto los unos con los otros.

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No dudéis en ponerlo en práctica en el aula. Estoy segura de que vuestros peques os sorprenderán como siempre lo hacen. Nosotras por nuestra parte, seguiremos inventando y buscando nuevas maneras de trabajar las emociones y seguiremos explicando nuestras vivencias. Si quieres más recursos para trabajar emociones podéis visitar este post, ¿Cómo me siento? 

Además, hemos preparado una plantilla descargable, completamente gratuita y en los 3 idiomas (catalán, castellano e inglés), para que si queréis la podáis utilizar para trabajar en clase. Está disponible en nuestra sección de Descargas.

 

¡Qué tengáis un feliz domingo y una buena semana!

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