Cuando me di cuenta que yo era la que sobraba

03.02.19

En un cole de Barcelona, de cuyo nombre no quiero acordarme, me encontraba yo trabajando de profe como si de un sueño se tratara.

Era mi tercer colegio, antes había pasado por un par de guarderías (odio esta palabra pero no conozco otra en castellano) y otros dos colegios concertados, uno que me traumatizó bastante en el que no duré un mes y otro en el que aprendí bastante pero era una sustitución de un trimestre.

Esta vez era diferente, iba a ocupar un puesto como tutora en infantil. Eso sí que era lo más. Y empecé con una paralela con la que me lo pasaba en grande haciendo todas la locuras que se nos pasaban por la cabeza.

En general me sentía bien, aunque poco a poco, empecé a ver cosas que no iban conmigo al principio, y más adelante a ver cosas más oscuras de lo que parecían, aparte de una organización MUY vertical, para que os hagáis una idea la coordinadora ejercía de maestra, sólo pisaba el aula para dar un paseo o hacer marketing con alguna nueva familia.

Justo ése fue el año que me inicié en el maravilloso mundo de
la educación viva en el colegio Congrés-Indians, y mi formador era Jordi Mateu, un crack que te hacía salir de cada sesión replanteándote hasta la cosa más insignificante, ayudándote a desaprender y a preguntarte el por qué de las cosas.

Entonces la forma de entender la educación, mi mirada hacia los niños y niñas, TODO, empezó a cambiar, o a evolucionar. Hacía tiempo que había cosas con las que no me sentía a gusto pero no sabía por qué ni tenía un plan B, simplemente copiaba lo que había vivido yo como alumna (en la uni salvo por dos profes fue todo bastante teórico).

Todo este proceso de aprendizaje empezó a chocar más fuerte con el centro donde trabajaba, además ya hacía tiempo que veía cosas que no me gustaban en cuanto al trato a los niñ@s. Pero tenía un plan infalible que no podía fallar: me propuse promulgar la “palabra de Jordi” cual mesías con el fin de abrir los ojos a mis compañer@s y superiores para abrirles los ojos y mostrarles el nuevo mundo, en cuanto les explicara las cosas todo cambiaría…

Imagino que ya imagináis que nada cambió. Además se trataba de un cole donde se hablaba de disciplina, castigo, esfuerzo (entendido como sufrimiento), combinándolo con palabras de moda como educación emocional e inteligencias múltiples. Cada vez era más infeliz, no entendía cosas que pasaban y que tenía que hacer y no quería. Yo de verdad tenía en mente que si seguía haciendo pequeñas cosas, podría cambiar la misión y el mensaje global del cole.

Cuando ya estaba en modo quejarme (modo tóxico), decir todas las cosas que no me gustaban, y hablando sólo de lo negativo, tuve otra sesión de educación viva (era un finde al mes) donde despotriqué como si no hubiera mañana con una inmensa frustración y pidiendo ayuda para que Jordi me dijera qué decir para que pensaran como yo creía que era lo correcto.

La respuesta de Jordi fue: Te lo voy a explicar con legos.

Comenzó a colocarlos de manera que en el centro estaba el cole y alrededor varios grupitos de muñecos que representaban: El equipo directivo, los profes, las familias, los niños y otro solo que era yo.

Comenzó a preguntarme:

Él: ¿El equipo directivo está a gusto con este proyecto
educativo?
Yo: Sí
Él: ¿Los profes están a gusto con esta forma de dar clase?
Yo: Menos los raros… sí
Él: ¿Las familias están contentos con el cole?
Yo: Sí
Él: ¿Los niñ@s están bien, en general?
Yo: Sí…
Él: ¿Tú estás a gusto con este proyecto educativo?
Yo: No
Él: Entonces, ¿quién sobra? ¿Quién tiene que cambiar algo?
Yo: Yo…

¡Madre del amor hermoso!, vaya jarro de agua fría, el problema era yo. Yo sobraba en ese sistema.

El sistema estaba bien porque era lo que los diferentes integrantes de éste querían, y ¡yo sola pretendía cambiar todo el sistema! Menuda actitud egocéntrica y soberbia estaba teniendo sin darme cuenta.

Eso, fue una pequeña GRAN clase de pedagogía sistémica, en la que me estoy intentando formar poco a poco.

La verdad que gracias a esa clase mi visión cambió y me dediqué a estar en el cole siguiendo mis principios lo máximo posible y centrando mis esfuerzos en salir de allí en vez de centrarlos en querer cambiar a los demás y os aseguro que mi nivel de estrés bajó y también el de infelicidad. Ya sabía que el problema era yo y eso tenía mucha más fácil solución que mi objetivo anterior.

Espero que si estáis en una situación parecida a la que estuve yo, este post os ayude a ver las cosas de manera diferente y, sobretodo, a buscar una salida.

8 opiniones en “Cuando me di cuenta que yo era la que sobraba”

  1. En mi caso, en octubre ha sido cuando por fin he abierto los ojos, despues de 4 años escolares completos y como bien dices en el post, ahora hago todo lo posible por seguir mis principios de puertas para dentro (mis alumnos se merecen todo lo mejor y la mejor versión de mi ser) y también todo lo posible para salir de allí corriendo.
    Gracias por este pedazo de artículo!

    1. Aix! Nunca es tarde! Gracias por compartirlo. Te deseo mucha suerte en la búsqueda de un nuevo colegio 🙂

      ¡Un abrazo!

  2. Pues sí! Exactamente así me pasó (y mira que llevaba años) y como no hacía caso mi cuerpo me paró. Me hizo coger una baja larguísima y esto provocó que me echaran. Así que mejor no forzar y aceptar que a veces las cosas están bien, tú has evolucionado/cambiado y toca surcar otros mares 🌊

    Por cierto, el crack de Jordi Andreu hace algo para secundaria? Voy a googlearlo ahora mismo!

  3. No sabes cómo me acabas de ayudar. Estoy en una situación parecida. Ahora me doy cuenta que la que sobra soy yo.
    Gracias mil.
    Un abrazo.

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